Entrevista a D. Isaías Barroso. Seminario Conciliar de Madrid, nº 32 Marzo 2008

 

Desde que uno se levanta tiene que decir: “Hoy comienzo a ser sacerdote”

D. Isaías Barroso Nieto lleva 58 años sirviendo a la Archidiócesis de Madrid y es párroco de la Parroquia de San Juan Crisóstomo desde 1966. Se formó en nuestro Seminario, y hoy nos cuenta un poco acerca de su vocación y ministerio pastoral.

 

¿Cómo surgió su vocación al sacerdocio?

 

Desde muy joven sentí la vocación. En mi familia han sido numerosos los que se han dedicado a la tarea de ser presbíteros. Cuando yo tenía 6 años, mi tío fue ordenado sacerdote, y fui monaguillo en su primera Misa; entonces decidí que quería ser lo mismo que mi tío: sacerdote. El testimonio de tantos sacerdotes mártires alentó mi vocación, y también el ejemplo de mi tío y de D. José María García Lahiguera.

 

¿Cómo describe su experiencia en el Seminario?

 

Entré en el Seminario a los 11 años, en 1939. Eran los tiempos posteriores a la Guerra Civil -el Seminario había servido como cuartel de artillería-, y todo era muy precario. Teníamos un reglamento ajustado para poder tener tiempo para los estudios y la meditación. La pastoral se llevaba como en los tiempos de las catacumbas. Estudiábamos latín, humanidades, filosofía y

teología. Recuerdo que mi primer contacto fue con D. Florencio, quien impulsó mi amor por la música hasta llegar a ser organista del Seminario.

 

¿Cuáles son sus recuerdos más importantes de su ordenación sacerdotal?

 

Para mí fue significativa la presencia de mis padres, que viajaron desde Ávila para verme -algo nada usual en aquella época-. En el momento de la ceremonia de la imposición de manos, tras el "Veni Creator", sentí que asumía un cambio de vida, que -siendo yo el mismo- pasaba a ser para algo distinto. Escogí como lema sacerdotal: IN HIS QUAE PATRI MEI SUNT

 

Tras 42 años como párroco en San Juan Crisóstomo, cuéntenos un poco de su experiencia.

 

En 1966 se había decidido crear una parroquia que tuviera a San Juan Crisóstomo como titular en esta zona. Al principio teníamos una estructura prefabricada, en la que estuvimos por un espacio

de 14 años, hasta la construcción del actual templo en 1980. Al ser nombrado párroco, tomé como lema parroquial: "si la parroquia no es familia que vive la misma fe y el mismo amor, carece de  sentido".

 

¿Qué consejos podría darnos a los seminaristas hoy?

 

En primer lugar, que los fundamentos del sacerdocio son la Cruz, para abrazarla y dejarnos abrazar por Ella; la Eucaristía, porque fortalece y es el lugar más íntimo para contarle la vida a Cristo; y la Virgen, a quien hay que acudir con actitud de niños que recurren a su amor maternal. Además, que viváis con alegría la vocación cada día, que os sintáis felices por la llamada que habéis recibido y que nunca tengáis miedo.

 

¿Cómo definiría el sacerdocio?

 

Después de 50 años, cuando uno se levanta tiene que decir: "hoy comienzo a ser sacerdote"; porque  si cada día comenzamos así, se vive el sacerdocio con ilusión.

 

 

Pedro Rodríguez

Fernando del Moral

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